Introducción

Cofinanciado por el Programa Erasmus+ de la Unión Europea, ACTIV- «Actuar y colaborar para hacer frente a la violencia de género», tiene como principal objetivo mejorar la (re)inserción socio-profesional de las mujeres confrontadas a la violencia de género.

A través de los distintos productos desarrollados en el marco del proyecto, la asociación ACTIV se esfuerza por mejorar las sinergias entre los diferentes actores, en sensibilizar sobre la cuestión de la violencia de género y mejorar las condiciones para una mejor vía de (re)inserción socio-profesional. El resultado global de estos recursos es mejorar el apoyo, la orientación y la integración que los diferentes actores ofrecen a las mujeres afectadas.

En primer lugar, el proyecto elaboró una guía en la que se ponen en perspectiva las definiciones, los contextos nacionales y europeos, y los marcos jurídicos (Bélgica, Francia, Rumanía, España); se identifican los límites y las iniciativas positivas que pueden ayudar a la (re)inserción socio-profesional de las mujeres que se enfrentan a la violencia de género y se propone un marco de indicadores comunes que facilitan el entendimiento mutuo entre los actores implicados en el proceso de reinserción laboral.

Este segundo resultado es un conjunto de herramientas de aprendizaje para las estructuras implicadas en este último proceso. Basándose en su experiencia, la asociación ACTIV ha detectado la falta de colaboración entre los agentes a la hora de proporcionar ayuda, asistencia y apoyo eficaces a las mujeres. Así, este documento se centra específicamente en dos grupos: los trabajadores de campo y las empresas, ambos considerados fundamentales en el camino hacia la (re)inserción socio- profesional. Esto último se debe a que ACTIV cree firmemente que las estructuras de orientación y las empresas deben trabajar de la mano y no por separado como, por desgracia, suele ocurrir en la actualidad.

La tercera publicación es un libro blanco dirigido a los responsables políticos, a los agentes empresariales y a todas las organizaciones que trabajan en el tema, con recomendaciones concretas para mejorar el apoyo a las mujeres en su itinerario.

Un itinerario a medida para garantizar la (re)inserción socio-profesional de las mujeres confrontadas a la violencia de género

1. La (re)inserción socio-profesional y el mantenimiento del empleo son esenciales

Los países de la asociación ACTIV utilizaron diferentes metodologías con distintos grupos de actores, entre ellos mujeres supervivientes de violencia género, trabajadores de campo y empresas, para debatir cuestiones relacionadas con la (re)inserción socio-profesional de las mujeres que se enfrentan a este tipo de violencia. Aunque cada país tiene en cuenta las especificidades de su contexto, los resultados generales son transversales y plantean puntos clave como la falta de inversión y apoyo a las estructuras de atención y la falta de interés de las empresas en esta cuestión. Por ejemplo, se destacó la (re)inserción socio-profesional como un paso esencial para la recuperación y el empoderamiento de las mujeres.

Por un lado, se considera que los profesionales que trabajan con las supervivientes de violencia de género son los únicos que tienen conocimientos suficientes sobre las políticas de género, lo que hace que sean los únicos responsables de todas las cuestiones que tienen que ver con este aspecto. Así, la falta de profesionales formados en materia de género hace que los especialistas estén sobrecargados de trabajo, lo que a su vez hace imposible atender a todas las víctimas que necesitan sus servicios. Los resultados arrojaron que es preciso contar con más profesionales formados o una inversión económica más importante para capacitar a más personas en temas relacionados con enfoque de género.

Por otro lado, se afirma que es fundamental empoderar a las supervivientes de la violencia de género y devolverles su agencia e independencia. Para conseguirlo, las mujeres necesitan encontrar formas de mantenerse a sí mismas, y la mejor manera es que se formen en áreas específicas en las que puedan trabajar, lo que conlleva la siguiente cuestión: las empresas no están lo suficientemente concienciadas. La mayoría de las empresas sólo quieren emplear a las supervivientes de la violencia de género durante un tiempo determinado para obtener beneficios económicos -si es que los hay-, pero no se preocupan lo suficiente por ellas como para establecer una relación laboral sana y duradera. Por ello, es necesario sensibilizar y formar a las empresas y empleadores en temas de género y violencia para que comprendan la situación por la que han pasado y pasan las mujeres.

Por último, dado que este tipo de violencia afecta a las mujeres de diferentes maneras y no existe un perfil concreto y definido de mujer que la ha sufrido, no hay un camino lineal que seguir para ayudarlas en su (re)integración socio-profesional. Además, la mayoría de las políticas se centran en la (re)integración de las supervivientes de la violencia de género, pero no tienen en cuenta factores externos como los problemas de salud mental o los hijos. Los empleadores y las empresas deben dar a las mujeres la flexibilidad necesaria para recuperarse y ordenar sus vidas (por ejemplo, sin necesidad de seguir manteniendo un horario de trabajo regular). Pueden surgir necesidades específicas en función de cada situación. Por ello, es fundamental crear herramientas y recursos que contribuyan a empatizar, comprender y ofrecer mejores condiciones, poniendo a las mujeres en el centro.

La (re)inserción socio-profesional y el mantenimiento del empleo son esenciales para la recuperación integral de las mujeres enfrentadas a la violencia de género.

Como se ha mencionado anteriormente, los trabajadores de campo se enfrentan a muchas dificultades y las empresas carecen de conocimientos y recursos en la (re)integración socio-profesional de las mujeres que se enfrentan a la violencia de género. Sin embargo, tal y como se ha manifestado en los estudios de caso y en los grupos focales desarrollados por ACTIV, para las mujeres enfrentadas a este tipo de violencia, el acceso al empleo y la permanencia en el mismo es uno de los pasos que pueden ayudarles a detener el círculo de violencia en el que están inmersas, y es necesario para su recuperación integral.

Para las mujeres que se enfrentan a la violencia de género, la posibilidad de tener un empleo les ayuda a lograr independencia financiera, social, psicológica y emocional. Les permite independencia económica y les da agencia y fuerza para que puedan dejar su vínculo con el agresor. También les ayuda en su recuperación emocional, psicológica y física. Además, salir de su casa les permite mejorar las relaciones personales y fomentar su autoestima, seguridad y estabilidad. Para su recuperación, el apoyo, la autonomía y los ingresos que proporciona la reinserción laboral son esenciales. Así, la (re)inserción laboral y el mantenimiento del empleo son factores clave para su normalización vital y relacional. Sin embargo, se trata de un proceso difícil por el que tienen que pasar. Es un camino no lineal e intermitente que las mujeres deben afrontar.

2. Las compañías son actores clave

Las empresas son actores fundamentales en este camino pues son protagonistas en la consecución de la justicia, la equidad y la mejora de las condiciones de las mujeres que se enfrentan a la violencia de género. Para luchar contra este tipo de violencia es fundamental crear una red de apoyo en la que participen todas las partes interesadas. Además, hay que entender que la violencia de género no es un asunto privado sino público y estatal, de responsabilidad colectiva y que todos deben participar en la mejora de las condiciones de esta población de mujeres. Por ello, el papel de la sociedad, especialmente del sector empresarial, en la consecución de la justicia y la equidad es fundamental. La sostenibilidad, la cohesión social y un tipo de gestión que responda a esta cuestión de acuerdo con un compromiso ético y con los requisitos y marcos legales nacionales, europeos e internacionales deben ser el objetivo.

Las empresas tienen un gran potencial de sensibilización social y pueden fortalecer internamente, dentro de su organización, y externamente, con clientes y proveedores, un ecosistema más saludable que promueva y siga construyendo una sociedad libre de violencia de género. Además, las mujeres supervivientes han desarrollado capacidades emocionales para afrontar la realidad y superar muchos obstáculos. Este último punto es una gran fortaleza, ya que muestran una gran resiliencia y fuerza para enfrentarse al mercado profesional.